sábado, junio 30, 2007
La hora de la Torta Ahogada
Una torta es aquí algo similar -estructural y visualmente hablando- a un refuerzo. En sentido gastronómico guarda algunas enormes distancias que son las que impone su variable y rico contenido. Los mexicanos son muy creativos a la hora de imaginar qué le pondrán al interior de uno de sus alimentos preferidos. Es probable que el viajero encuentre tortas por doquier en todo Mexico. Y así es que el contenido de las tortas puede variar siguiendo solamente el patrón de la experimentación gastronómica libre.
Sin embargo, aquí en Guadalajara, las tortas son ahogadas. Este atributo peculiar las hace únicas. Básicamente, el proceso de ahogar una torta no se considera una conducta criminal. A la tradicional torta (refuerzo) se le acompaña con una salsa de jitomate (traducir como tomate para el uruguayo desprevenido) o con otros tipos de salsas más picosas (picantes) que tengan sabroso y abundante chile.
Recuerdese que hay excepciones, pero en general el chile es un condimento omnipresente en la cocina mexicana.
La singularidad de la torta ahogada es su indiscutible inmersión en la salsa que va en el plato y que uno debe procurar comer con mayor o menor destreza (el segundo es mi caso). Mientras este rito sucede, el pan de la torta se va embebiendo con la variedad de salsa que el comensal haya ordenado o preparado (si es que el mismo se encuentra en la paz de su hogar). Este proceso altera progresivamente la consistencia de la torta y no es necesario un alarde de química para entender el proceso: la evidencia se escurre entre los dedos.
Es herejía tremenda siquiera sugerir el uso de cubiertos en el proceso de ingerir este alimento. A lo sumo en algunos lugares, se acompaña la orden con una cuchara para bañar la torta más adecuadamente con salsa. He hecho la prueba de pedir cubiertos y estuve a punto de ser excomulgado. La torta ahogada -ha sido decretado hace años- se come con la mano. No se cuestiona esta decisión primigenia.
Este rito significa haber elevado a los altares una vieja costumbre familiar del Uruguay. Aquí se ha institucionalizado esa subversiva práctica de "mojar el pan en el tuco" a escondidas de la madre, de la abuela o de Amanda. Y esta práctica tan combatida en otros lares, aquí la sabiduría la ha llevado a la perfeccion y a la formalización absoluta. En cierto sentido los tapatíos han hecho lo que nadie se animó a hacer en Uruguay: profesionalizar el proceso de catar una buena salsa mediante un proceso que la llevo a convertirse en un acontecimiento independiente. Y esa especie de rapiña familiar (a veces aceptada y estimulada por la madre, la abuela o por Amanda) aquí ha sido perfeccionada y ha tomado vida propia como un plato representativo de Guadalajara a nivel nacional.
Esto permite disfrutar de un placer secreto. Claro, sin que haya necesidad de explicar de donde vienen a flotar, en la salsa caliente, sabrosa y en perfecto punto de cocción, unas misteriosas migajas de pan.
Hay quienes pocrán ver esto como algo insulso o un plato sin gracia. Yo creo que detrás de esto se esconde un ingenio local y la sabiduría divina. Pero ahora me voy a ir a buscar una linda servilleta grande.
Momento mariachi
Sumar a esta experiencia un tequila, una torta ahogada y cualquier elemento gastronómico local que incluya chile jalapeño, puede mejorar cualquier interpretación y aportar elementos adicionales a la percepción del momento.
La segunda mirada
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| Otros ojos en Puerto Vallarta |
Picasa Web custodia ahora otra recorrida adicional por Puerto Vallarta. Esta vez desde los ojos de Sourabh, que estaban detras de la camara en la mayoria de los casos.
martes, junio 26, 2007
Soledades en Puerto Vallarta
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| Soledades en Puerto Vallarta |
Una invasión de pelícanos que flota en el aire, las golondrinas reflejadas en la atmosfera de una piscina. El fuego del atardecer y el oleaje del mar. Los peñascos, las rocas, las alturas de la Sierra custodiando el secreto de la enorme bahía. La omnipresencia del inglés de los turistas. La reliquia de un pequeño pueblo antiguo. La torre de la catedral. Un jubilado canadiense que se va a Tailandia. La piramide y la arqueología. Una isla. Un río. Las palmeras cubriendo el viento de motivos. El silencio distante de la noche. La luna navegando nubes. Los pericos saludando un nuevo día. Gritos en un dialecto asiático. Las siete vidas del gato. La conserje a punto de llamar a la policía. La batería del laptop. Una sesión de usuario en MSN. Comer burritos en la arena. El agua tibia y el salitre. Los frutos del mar. El recepcionista que no duerme en temporada. Un taxi amarillo y el sol. La condensación y el charco del aire acondicionado que va recorriendo la escalera. El telefono y un adaptador de red inalambrica. La forma siempre extraña de las nubes. Las cuatro canciones de Pat Metheny. El piano de Mehldau. Los tres compases del principio. El rumor de las olas. Un barco pirata. El click del mouse en la cocina. La voz imaginada de Cristina. Unos no-sé-cuántos-miles de kilometros. Las estrellas flotando en la protección de la Bahía de Banderas. Las fotos del album de Picasa. Otro click del mouse en la cocina. El universo licuado en una piscina que denominaremos alberca.
lunes, junio 25, 2007
Visita a Manzanillo (Segunda Parte)
Cerrar el trato será fácil: el coyote es amigo de su tío. Después del aeropuerto solamente tiene que llegar a la reserva india, cruzar y encontrar el automóvil que lo lleve tierra adentro atravesando la aridez que alguna vez fue Mexico. Y luego viene algo así como un tiempo futuro que ya conoce y algunos recuerdos de obras en construcción. Su tío lo empleará sin ningún sello y sin papeles. Los billetes harán luego también su viaje de regreso.
domingo, junio 17, 2007
Intermezzo Picasa
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| Videos de Manzanillo |
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| Manzanillo |
sábado, junio 16, 2007
Visita a Manzanillo (Primera parte)
Para llegar hasta allí, es necesario descender al nivel del mar desde la altura de Guadalajara en un eventualmente sinuoso camino cuyo recorrido tomará casi 4 horas y que -se me informa- tendrá una única parada en Colima.
El primer paso para conseguir este objetivo es dirigirse a la Estación de Autobuses de Guadalajara que está en las afueras de la ciudad y hacerse de un boleto. Esta operación supone el desembolso de una cifra razonable de dinero y luego aguardar la llegada puntual de un omnibus. No hay mayores demoras en el proceso de abordar la nave. Somos una pequeña población de seres que dan tumbos, apenas despiertos, en esa orilla entre la realidad y el sueño que implica la operación de iniciar un viaje a las 3 y media de la mañana.
La comodidad de los asientos, la noche, la luna, la postergación del descanso, transforman la travesía en un silencioso periplo.
El paisaje del camino es ahora un oscuro telón donde apariciones esporádicas de la luna permiten adivinar colinas y montañas. Al regreso -en una soleada tarde de domingo- se revelará una escenografía geológica y cautivante en la que se reconocen diferentes edades y tipos de suelos y relieves: colinas, quebradas, barrancos, cañones, valles y un volcán. Sin embargo, esto no ha de ser curiosidad alguna para el promedio de los habitantes locales: toda la región es realmente una lección de geología desglosada en múltiples capítulos.
Mientras el autobus devora todavía los kilometros, me despierta la claridad del amanecer. Me doy cuenta que no escucho nada: los oídos están absolutamente fuera de servicio por unos cuantos minutos. Advierto que Manzanillo está rodeada de colinas. Al dar un primer paso en tierra firme, un séquito de gaviotas me permite advertir que hace casi 45 días que no estaba cerca de mar alguno. Luego viene una invasión de salitre y humedad en el aire que me despierta un alud de memorias marítimas.
Casi son las 7 de la mañana del sábado. La terminal de omnibus está desierta y salgo al exterior luego de reservar el boleto de regreso para el domingo a la tarde. Los precios de los taxis en esta ciudad que todavía duerme junto al Pacífico no se regulan con un aparato taximetro. De acuerdo al área de Manzanillo que se quiera alcanzar existe una lista visible de precios que estipula el monto a pagar. Esto permite que por lo menos sea siempre posible estimar cuanto me costará ir a los lugares que me interesa llegar. Es un conocimiento valioso y para nada menor su importancia estratégicamente hablando.
El primer paso es averiguar si el mar está cerca. El chofer adivina un extranjero en mi acento. Se sonríe. Y me parece que no sabe si vale la pena contestarme porque bastan 2 minutos y 2 curvas a la derecha para que la respuesta adquiera dimensiones oceánicas verdaderas. Siento la emoción de un niño: bajar la ventanilla, el viento húmedo, templado en el rostro. Aquí y allá un horizonte de mar, salpicado de playas, rocas, cerros y colinas. Cada tanto el mar se oculta entre los extremos de las peninsulas que protegen las dos grandes bahías: Manzanillo y Santiago. El oleaje se adivina fuerte en algunas playas de prominentes balconadas, y en otras, la protección rocosa de algunas restingas y bancos sugieren un mar ordenado con olas serenas y predecibles.
Me fue recomendado un hotel a orillas del mar cuya primera característica parece ser la abundancia de palmeras. Mientras me registro el conserje ejecuta movimientos que le permiten entregarme la llave y todas las recomendaciones. La calma del lobby y el silencio me invitan a observar esa serenidad matinal de los hoteles de verano: las piscinas vacías, los jardines saludando pájaros y algunos pocos pasajeros tomando el desayuno. Esta es una visión que luego descubriré como absolutamente irreal y excepcional: el lugar es un hormiguero desenfrenado y es el reino de las actividades programadas. Exactamente buscaré de inmediato las antípodas.
El hotel desliza su arquitectura de cómodos apartamentos siguiendo las curvas de nivel de la colina en la que fue ubicado. Esto permite disfrutar de la vista de la bahía de Santiago y de la playa de Miramar. Los jardines distribuyen adecuadamente el espacio y evitan las aglomeraciones así como también la concentración de edificaciones.
Después del ritual de ordenar y distribuir pertenencias en los espaciosos armarios llega el momento de aplicar protector solar y partir a la playa. Cruzando una avenida, que deviene carretera justamente frente al hotel, se llega a la arena. Excepto por los que están haciendo surf, el resto de la playa está despoblado y es terreno desierto. Esto me parece perfecto. El agua no es tan fría aunque los locales advierten siempre que hacia el norte es más templada que la de Manzanillo. Las olas son espléndidas y llegan a intervalos regulares, un banco permite "correr" olas y hacer buen bodyboarding con las tablas del hotel. Excepto por una ola en la que me doy el lujo de conocer el sabor de la arena de Miramar, todo parece controlable.
A las 10 comienza a bajar una horda de pasajeros del hotel. Lentos y ruidosos van llegando. Interiormente presiento la amenaza de la invasión y obtengo una clara revelación: ya no será tan fácil conseguir agua de coco en la playa. Aquí en esta bahía la playa es estrecha como en Tobago y la arena es un bien preciado. Así que cuando el sol evapora las huellas de mi baño me preparo un plan para una primera exploración del lugar. Este plan no requiere de un excesivo grado de introspección. Regreso al hotel, me cambio de ropa y luego busco un taxi que me lleve al centro histórico.
A lo lejos, al otro lado de la avenida, mientras llega un taxi, observo que la horda se ha adueñado de la delgada franja de playa. La invasión celebra pacífica el resultado. Y yo me alejo derrotado sabiendo que ya he tenido mi Dunkerque.
martes, junio 12, 2007
Prologo a una visita a Manzanillo
En nuestro caso, el mar es la forma de horizonte más deseada y aceptable. Cumple con el rito de proporcionar la calma de lo conocido y de lo predecible, aún cuando se trata siempre de una estratagema y de una astuta ilusión.
Su mejor expresión será siempre el mar en La Coronilla. Otras formas de esta necesidad pueden ser igualmente aceptables y cumplirán todas ellas su función con diferente suerte.
Viviendo accidentalmente en un valle gobernado por colinas, aquí en el interior del territorio, el mar es una ausencia. Disimulada apenas con argucias, como toda ausencia. Y tal vez, detrás de estas colinas, entonces pueda imaginarse que ese horizonte azul existe de algún modo.
Sin embargo al llegar a Manzanillo es claro que cualquier ardid ha sido inútil.
Bajando del omnibus dos señales marcan la derrota del ingenio: vuelan dos o tres gaviotas y hay el perfume del agua salada.
Y no puedo describir la emoción que significa volver a ver la ilusión de aquella lejanía que es ahora tan igual como distinta. Y cualquier palabra ya me resulta vana.
jueves, junio 07, 2007
Ingeniería del crecimiento
Hasta 1990 la tasa de crecimiento estuvo rondando el 3.4%. La ciudad de Guadalajara (cuando se la define como Area Metropolitana de Guadalajara) incluye varios municipios proximos de los alrededores con patrones de crecimiento bien distintos. En conjunto, en el período global cubierto por ambos índices ya expresados, la ciudad creció un 120%. El momento de mayor crecimiento probablemente esté ubicado durante la decada de 1970. Hacia 1900 la ciudad tenía una población de 100.000 habitantes que duplicó en los años treintas y a partir de allí el crecimiento se aceleró con los vaivenes arriba descriptos.
Actualmente Guadalajara, y todos los municipios conectados a ella, reúnen unos 4 millones de habitantes y se espera que en 2030 este número trepe a los 7 millones.
En el momento de mayor crecimiento, pasada la decada de 1940, la ciudad necesitó ampliar drásticamente sus vías de circulación y aplicar un nuevo criterio en su trazado urbano. Aquí también la piqueta del progreso arrasó muchos emblemas de la historia de la ciudad y el rasgo arquitectónico del area más colonial.
Durante la etapa de los traumas del crecimiento explosivo de la ciudad, hubo un emblemático episodio que llamó mi atención de manera singular.
En 1950 la ampliación de la Avenida Juárez encontró un obstáculo. Sobre uno de sus lados reposaba enorme el edificio de la Compañia Telefónica y Telegráfica Mexicana cuya casa matriz residía en Nueva York. El criterio generalizado había sido hasta ese momento la expropiación y la implacable demolición.
Un ingeniero tapatío, Jorge Matute Remus, propuso, diseñó, proyectó y realizó una quimera: mover las 1700 toneladas del edificio manteniendo activas las operaciones de la central telefónica que había en su interior.
Segun los relatos disponibles la obra supuso un desplazamiento del edificio de entre 6 y 12 metros. El proyecto implicó 6 meses de trabajos y mediante rieles, guías y gatos hidraúlicos se movió el edificio cimentado.
La espectacularidad de la empresa generó diversos mitos y luego la convirtió en la más popular de las que abordara el Ing. Matute Remus en su extensa vida profesional. Lo verdadero es que el edificio fue desplazado sin que las operaciones de telefonía y comunicaciones sufrieran percance alguno.
Jorge M. Remus murió en el año de 2002. Probablemente hubo de desplazar en su vida muchos otros obstáculos. Recuerda el formidable hecho una escultura de un hombre, en tamaño natural, que empuja la fachada del edificio en la misma direccion en la que alguna vez rieles y gatos hidraúlicos hicieron el esfuerzo. A su alrededor la avenida no ha dejado de moverse.
Triptico vehicular de Guadalajara
Esta ciudad tiene la fortuna de los trolleys. Son paquidermos cuyos genes reconocen un neblinoso parentesco con aquellos mamuts peninsulares de AMDET. Aquellas plataformas circulares en los coches de doble extension han desaparecido merced a los designios de la seleccion natural.
Los coches aqui son mas austeros, practicos y sencillos. Funcionales. No hay rastros de aquellas enormes bestias cuya extincion COOPTROL atestiguara. La supervivencia les ha sacrificado la emocion de viajar en el centro de un mundo vertiginoso que giraba dando coletazos.
Ha sido toda una experiencia sorprendente: ver los postes deslizarse guiados por los cables, no sentir aquel sonido interminable de los frenos y no ver las cabriolas de los guardas persiguiendo el trolley intentando enganchar nuevamente los cables mientras iban tirando de unas sogas rebeldes.
No he encontrado aqui un lugar que asemeje el desafio enorme que significaba dejar Rivera para tomar 18 de Julio. No he encontrado hasta ahora una interseccion con presagios o fenomenos del tipo que en nuestra memoria asociamos a aquel pasado, por ejemplo, de silencios y apagones en el tunel de 8 de Octubre.
Igual que en Rosario, como en Belgrado y en Seattle. En Guadalajara es posible asistir a este milagro electrico y efimero del trolley.
Taximetros
Existe un universo paralelo de dimensiones conocidas y color amarillo al que llamamos Taxi. Nos traslada con un plan de vuelo conocido y es comun a casi toda la geografia del mundo. Es dominado por una cofradia de choferes que ejercen el sacerdocio de las confesiones fugaces de los pasajeros. Diversas sectas los agrupan y los mezclan con mejor o peor suerte.
Guadalajara divide la raza en dos grupos evidentes: quienes encienden el taximetro y quienes se dedican al regateo de precios y destinos. Como en un juego audaz cada vehiculo exhibe un anuncio en su vidrio frontal: "Es obligatorio el uso de taximetro". En funcion del eco que el anuncio tiene en choferes y pasajeros, claramente éste es una simple declaración formal. O casi una opinión del Ayuntamiento. Algo asi como si en cada vehiculo tambien se escribiera: "El calentamiento global perjudica a todos", "La entropía es una variable termodinámica importante" o "Es peligrosa la marea alta".
Subir a un taxi supone entonces casi siempre la negociacion de un precio en funcion del destino. Esta negociacion comienza antes de abordar el vehiculo y para esto fueron diseñadas las ventanillas de todo vehículo: para que se pueda acordar un conveniente precio.
Otra opción es sentarse comodamente y luego anunciar el destino deseado bajo la forma de una sutil pregunta: "Cuánto me cuesta llegar a Independencia y Juarez?".
También a veces se produce un milagro de honestidad y transparencia. En esos casos, hay como una interrupción del orden supremo y en un rincón de la cabina del coche, titila suavemente la luz de un aparato taximetro indicando fichas, importe y un precio que podrá ser previamente conocido. En estos casos la emoción puede hacer tartamudear nuestro destino final. Y el viaje pierde entonces ese previo acuerdo de negociacion comercial al que ya me he acostumbrado tanto. Y el recorrido queda poblado de certidumbres.
Trenes
Habrá sido tal vez aquellas tardes de niño en Colón junto a las vías en casa de Olmedo. Habrá sido acaso los viajes a Santa Lucía a jugar al parque o las travesías a Melo a ver al Padre Asdrubal. El motivo me resulta todavía desconocido. El hecho es que profeso un absoluto afecto por los trenes. Guadalajara es una ciudad con trenes. Hay vías que interrumpen la fluidez del tránsito y que sorprenden con secuencias eternas de vagones y maquinaria. Hay puentes en las avenidas y hay pasos a nivel. Campanas, alarmas y el sonido grave y rítmico del peso del metal percutiendo entre las vías. Pasajeros, turistas, tequila, cargas y trabajo: aquí todo puede viajar en tren.
Viniendo de un país pequeño que apenas se esfuerza por no sepultar sus trenes, me resulta una experiencia admirable apoyar los codos en la baranda y desde un puente mirar pasar el lento traqueteo de las ventanillas, los pasajeros y una secuencia siempre larga de vagones de carga.
lunes, junio 04, 2007
Agradecimiento
Luego de mi ultimo paseo, para mi investigacion sobre Huentitan, el proyecto Arcediano y el proyecto Loma Larga, fue fundamental dedicar parte de la noche del domingo a leer mucha de la informacion que la Universidad de Guadalajara publica en su servicio sobre parques de la ciudad y en sus estudios acerca de los proyectos de tratamiento de aguas.
Tambien esta el documento con el cual el gobierno local impulsa su idea central para el saneamiento de la region que constituye una referencia imprescindible.
De todas esas recomendables lecturas de medianoche me surgio un interes irrefrenable. Para quienes compartan cierta misma curiosidad por las cosas en general -con variables grados de especificidad- tal vez pueda interesarles visitar algunas paginas actualmente disponibles que agradezco a sus autores:
http://148.202.105.12/arcediano/
http://ceas.jalisco.gob.mx/images/zcg_pdf/progab06.pdf
Guadalajara, Jalisco
Martes 5 de Junio de 2007
Descenso en Huentitan
La profundidad promedio de la barranca es de 600 metros de diferencia. La diferencia en altitudes de la curva de nivel más alta (1,520 m.s.n.m.) y la más baja (1,000 m.s.n.m.) es de 520 metros en el punto del riel del fonicular cuyo pasaje se ve en una de las fotos del album publicado en Picasa.
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| Descenso a las Barrancas de Huentitan |
La Barranca Oblatos-Huentitán se ha visto envuelta en diversos sucesos de gran interés en la historia de Guadalajara. Ya, desde tiempos de la conquista, se produjeron combates entre los indios de Huentitán y los españoles. También fue lugar de batallas durante la revolución. Antiguamente fue puerta de acceso a Guadalajara mediante un puente colgante sobre el Rio Santiago.
En el fondo de la Barranca existen dos localidades semiabandonadas: Arcediano y Las Juntas.
Debido a su ubicación geográfica, alberga una gran diversidad biológica, siendo considerada corredor biogeográfico, ya que presenta cuatro tipos de vegetación: bosque tropical caducifolio, bosque de galería, vegetación rupícula y vegetación secundaria. Asimismo, existen en la zona varias especies endémicas de flora y fauna.
Hoy el área enfrenta un incierto futuro. El puente colgante -pretérita entrada a la ciudad- ya no existe. En su lugar crece con incertidumbres el proyecto Arcediano: una gigantesca presa de contención para tratamiento de aguas que provea al servicio de agua potable del área metropolitana de Guadalajara.
Gran parte de la superficie de la actual reserva ecológica Huentitan quedaría sepultada por la aguas de un gigantesco lago que podria satisfacer la demanda de agua hasta el año 2030 y teóricamente proteger el nivel del Lago Chapala que actualmente se degrada año a año por las exigencias del actual consumo de agua. Sin embargo otros proyectos alternativos también podrían aportar el mismo tipo de protección para los niveles de Chapala.
De hecho el proyecto Arcediano propone la implementación de un nuevo sistema hídrico que sustituirá al actual y esto tiene sus propios riesgos. Estudios de la Universidad de Guadalajara que consulté para escribir estas líneas, consideran que no hay evidencias de la viabilidad de Arcediano y exponen los siguientes motivos:
- Es mas recomendable un sistema de presas y no una única gigantesca presa. El proyecto no parece viable en terminos economicos, de salud publica, ambientales y de beneficio social considerando las proyecciones de crecimiento demografico.
- No hay acuerdo entre los resultados de diferentes estudios de permeabilidad y suelo que han hecho dos consultoras expertas y además no está claro que este proyecto sea mejor que otros propuestos a realizarse en otras ubicaciones.
- Otras ubicaciones de la presa representarían menos riesgo para la poblacion si se tiene en cuenta la presencia de contaminacion en el Río Santiago a la altura de Huentitan. Requeriría muchos años de embalse la limpieza del lecho actual.
- No hay buenas estimaciones de costos ni un plan ejecutivo actualizado. No se sabe realmente cuanto va a salir esta obra ni sus riesgos.
- La operacion de la planta del proyecto Arcediano sería costosa en términos de consumo eléctrico.
- El siempre precario equilibrio ambiental de Guadalajara se sostiene en 3 ejes fundamentales. Uno de ellos es la Barranca de Huentitan. Si la presa no funcionara es probable que se intente reactivar otros proyectos que afectarían otro de los ejes de ese equilibrio. No parece sabio alterar la interacción entre estos ejes.
- En términos ambientales el proyecto no tiene un adecuado estudio de los escenarios pre y post implementacion en lo que se refiere a biodiversidad e impacto ambiental.
- El proyecto no cuenta con una evaluación apropiada de los riesgos sanitarios y no fueron utilizadas metodologías adecuadas para la evaluación del impacto a la salud. Los actuales contaminantes del cauce de los ríos representan un peligro potencial: descargas de aguas residuales, plaguicidas, metales pesados de alta peligrosidad (Plomo, Cadmio, Arsénico, Mercurio, Aluminio, Cianuro). Tampoco se consideró que posiblemente se esté creando un habitat propicio para la proliferación de vectores de enfermedades ni los riesgos que se generan por la combinación de sustancias químicas, materia orgánica y bacterias presentes.
sábado, junio 02, 2007
Ver y mirar Guadalajara
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| Caminando por Guadalajar |
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| Museo de la Ciudad de Guadalajar |
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| Ojos Mariachis |
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| La Guadalajar |
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| Revisitand |
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| Templo Expiatorio |
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| Vallarta en Domingo |
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| Paisajes de lo cotidiano |
viernes, junio 01, 2007
Detener el mundo
Es mediodía. Junto a la Plaza Tapatia, caminando hacia el Hospicio Cabañas pero desviando al sur hacia el Templo de San Juan de Dios, un puente peatonal atraviesa la Calzada Independencia de lado a lado. No excesivamente ancho, de adecuadas dimensiones, el puente permite el pasaje de la multitud evitando el rito de esperas, semaforos y esquinas.
En Guadalajara abundan los puentes peatonales y, a juzgar por la variedad, pareciera que no existe otro criterio homogeneizador del diseño que no sea la funcionalidad de salvar el abismo del tránsito y la utilización de estructuras metálicas. Al cruzar cada puente, se repite un torrente poderoso y automotriz al que -obviamente- casi nadie se detiene a observar desde la altura. Esa es una costumbre placentera considerada anécdotica y superflua excepto, claro, cuando se es niño. Me he permitido este placer unos instantes.
Asi pues, estoy llegando a San Juan de Dios, en pleno centro. Voy siguiendo un tumulto caluroso y ordenado: la interminable procesion de gente que se acerca o se aleja del Mercado Libertad atravesando la avenida a casi 3 metros de altura.
Apenas cruzada la primera mitad del puente, advierto una leve modificación en la trayectoria que se supone natural. Algo como repentino. Un algo que interrumpe y desordena el curso natural. No logro adivinar ningún motivo.
Desde la altura de los ojos del transeunte, díficil es entender cuál sea la razón que enlentece la inercia peatonal. Unos cuantos pasos más develan la causa.
Mucho más abajo del horizonte de los caminantes, en las profundidades de esta marea humana, apenas en cuclillas a ras del piso, con las espaldas apoyadas entre el barandal y los balaustres, un grupo de ancianas con los rostros curtidos, los pies casi descalzos, piden limosna. Parecen tristes cariátides ya sepultadas por la multitud que pasa como ráfaga. Unos pasos todavía más adelante está sentada una mujer joven.
Las ancianas y la joven, están inmóviles. Se resguardan del árido sol del mediodía con unos trozos de cartón que apoyan en sus cabezas mientras el ritmo de la ciudad se agita alrededor y las manos apenas extendidas piden la ayuda que resuena en forma de monedas. Los pasos parecen evitarlas mediante algunas rápidas maniobras.
Les acompañan unos niños sentados que juegan con botellas de plástico. A su alrededor, parece detenerse el mundo.














