Es la última noche en Guadalajara. Es tarde. No hay viento y todo está en calma. La última luna de México ilumina unas lentas brumas de plata. Hay apenas unas distantes estrellas.
Es tarde y no ha llovido aún. La medianoche ronda las agujas. En la cama descansa una valija y unas ropas asoman todavía por los descuidos de un lado mal cerrado. Es la valija negra con su pompon rojo... acaso llegará este noble artefacto conmigo a mi destino? Acaso irá -siempre sucede- detrás de algún sitio más seductor, más atractivo? Irá tal vez esta valija a Londres? A Port Spain? Irá a Frascati? O acaso cómo me sucede a mí, tendrá impostergables deseos de familia y de reencuentros? Sabido es que allá lejos en el sur hay un lugar donde todas las valijas descansan aliviadas su silencio de viajes. Y los pompones rojos de Lía comentan novedades mientras la puerta está cerrada. Cuál será el enigma de su viaje? Acaso irá conmigo? Será que nos veremos lejos allá en Montevideo? Su silencio es la imposible clave.
Pocas certezas tiene quien viaja, aún cuando dedique su tiempo a la tarea de encontrarlas. De éstas pocas certezas una de ellas es -debería ser- la de un regreso. Un viaje es incompleto sin su vuelta: así como también es necesaria la partida, así también cada final es un comienzo.
Como al personaje de Marcello Mastroianni (Pippo Botticella en "Ginger e Fred") siento, hace días, que a mi paso las cosas me saludan.
Las personas que conocí van a mi lado aun cuando aqui ya permanezcan. Aquellos lugares que no veré más, se quedan y también se van conmigo. El paisaje de este lugar que me he apropiado estará en cualquier palabra que pronuncie ahora. El Pacífico escribe sus olas en la arena. Las memorias que no han sido escritas son improbables. Y acaso están escritas en relatos que he olvidado, como se olvidan las cosas que solamente soñamos cada tanto.
Y a quién le puede ser dado dormir antes de treparse a un avión con un destino así de enorme y fascinante? Era sabido que ninguno de los mil hijos de Hipnos vendría esta noche.
Así las cosas, prefiero disfrutar esta sensación de los regresos -cada regreso no es uno sino varios- y también disfrutar este estado de aparentemente estar en ningún lado. Alrededor está Guadalajara, la noche tapatía, su calor, su calma fresca y el aire del verano de las lluvias. Si cierro los ojos, si miro dentro mío en cambio veo a mi familia, los abrazos, la alegría. Ahora los tres están durmiendo en una ciudad junto a un río enorme como el mar. Cris duerme y Maite invadió la cama grande. Tomi juega un partido de futbol en las nubes. Sombra probablemente tiene frío.
Es tarde. La medianoche ronda las agujas. Hay apenas unas distantes estrellas. La valija descansa silenciosa mientras lejanas leyes y el azar escriben ahora mismo su destino. Guadalajara se desvanece lentamente para que un hombre fabrique su felicidad.














